EL DÍA: Expertos piden redireccionar la economía para evitar caer en crisis

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Los economistas Germán Molina, Roberto Laserna, Carlos Schlink y el sociólogo Henry Oporto advierten que urge hacer algunos ajustes y abrir perspectivas a la inversión.

El movimiento económico ha bajado notablemente con relación a otros años atrás”, dice el común de los ciudadanos en los mercados, en el transporte, la construcción, el agro y otros sectores sobre todo manufactureros en distintos puntos del país. En esta gestión 2017 que ya se cierra, la economía boliviana sintió esa desaceleración, más aún en el “bolsillo de la gente”. Los economistas Germán Molina, Roberto Laserna, Carlos Schlink y el sociólogo Henry Oporto alertan que si el Gobierno sigue con la expansión del gasto público financiado con desahorro y endeudamiento público, estaremos seguros de ir rumbo a una crisis económica.

El hecho más preocupante estriba, según el economista, miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas, Germán Molina Díaz, que después de ocho años de superávit mellizos (Superávit fiscal y superávit de balanza comercial), Bolivia ingresó al sendero de los déficits mellizos (Déficit fiscal y déficit de balanza comercial), y declinación de la economía. “A corto plazo relativamente está bien y a mediano plazo estamos frente con un elevado riesgo de profundización de los desequilibrios internos y externos”, apunta.

La previsiones preocupantes. Según el PGE 2018, en el que se prevé un gasto e inversión de Bs 284.336.8 millones, el Gobierno ha proyectado un crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) de 4,7%, con una tasa de inflación de 4,49% y un déficit fiscal de 8,32%, el más alto de los últimos años, luego de haber registrado hasta el 2014 un ciclo de bonanza económica con superávit fiscal.

Si bien el crecimiento del PIB al cierre de esta gestión, lo ubicará a Bolivia por encima de otros países de la región, pero con menos del 4%, para Carlos Schlink, economista, la situación no es tan alentadora como parece, dado que la economía boliviana está creciendo pero a costa de alto endeudamiento, interno y externo.

“Esto es demasiado peligroso para las futuras generaciones porque cada día el gasto público crece y los ingresos no, el gasto es inflexible y pone en riesgo la sostenibilidad y funcionamiento del Gobierno”, afirma de manera enfática.

Sin embargo, Schlink pone en claro que no es lo mismo crisis que desaceleración. “Crisis es crecer de manera negativa y eso no ha ocurrido y desaceleración es que disminuye el nivel de crecimiento, lo que ha ocurrido desde 2015 hasta 2017”, describe.

El sociólogo, Henry Oporto, refiere que el panorama planteado así en el PGE 2018 no hace prever para nada optimismo, dado que los desequilibrios macroeconómicos como el déficit fiscal, la balanza comercial, la cuenta corriente estarán ahí, a punto de estallar en cualquier momento. “El Gobierno no está priorizando la agenda económica, dado que tiene preocupaciones políticas mayores como el asegurar la reelección el 2019. Ante ese vacío de política económica, me temo que los problemas se van a ir sumando y agrandando. Eso es lo que preocupa”, argumentó.

“Es posible que no lleguemos a una crisis si somos capaces de corregir el rumbo, pero estamos en camino a una crisis”, advierte el economista de la Fundación Milenio, Roberto Laserna.

Según el experto, los ingresos por exportación declinan, siendo más dependientes que antes de las importaciones. Además de tener un creciente déficit fiscal que es financiando con deuda, la capacidad productiva del país se hace menos fuerte y las inversiones están orientadas hacia rubros que no corrigen ese problema. “De continuar esas tendencias, llegará un momento en el que se habrán acabado los ahorros y tendremos que contraer el consumo para pagar las deudas. Eso es crisis”, puntualiza.

Sin embargo, para el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Mario Guillén, el proyectado déficit fiscal de 8,32% para el 2018 es absolutamente justificable, dado que se han incrementado los montos de la inversión pública en proyectos y no así en gasto corriente como se lo hacía antes, en gobiernos del pasado.
“El año pasado habíamos previsto para este 2016, 6.100 millones de dólares en inversión pública; este año estamos con 6.200 millones de dólares. La fuente principal a ser destinado esos recursos es la inversión, dado que irá a caminos, infraestructura, no estamos destinando al gasto corriente como se hacía en el pasado”, precisó Mario Guillén, ministro de Economía y Finanzas.

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Medidas correctivas. Para atenuar la desaceleración de la economía y el creciente déficit fiscal, los expertos señalan que urge tomar medidas de ajuste con el objetivo de reactivar la economía, dinamizar el sector productivo y las inversiones.

Oporto plantea en lo que se viene el 2018-2019, primero sanear las cuentas fiscales, segundo; urge hacer un recorte sustantivo del excesivo gasto fiscal dada su insostenibilidad; tercero: racionalizar el sector público donde gran parte de las empresas públicas son deficitarias. “Finalmente hay que revertir la pérdida de competitividad sobre todo de las exportaciones bolivianas en los mercados exteriores, eso tiene que ver con la variable del tipo de cambio. Creo que acciones de este tipo son indispensables”, afirmó.

A su vez, Schlink manifestó que el aspecto fundamental es luchar contra la exagerada corrupción y malgasto de los recursos públicos, apertura de nuevos mercados, apuntalar la agricultura, ganadería, manufacturas, seguridad jurídica a empresas formales, eliminar política de cupos, devaluar la moneda. Sin embargo, el experto señala que el Gobierno con su política no está en condiciones de hacerlo. “Es un Gobierno que quiere continuar en el poder, se necesita de alternabilidad para luchar contra la corrupción que cada vez es más profunda en el país, cambiar algunas políticas públicas que incentivan a la informalidad”, argumenta.

En cambio, Molina refiere que continuar con mantener el gasto público, no es suficiente para suavizar la desaceleración económica porque se requiere libertad económica, justicia, seguridad jurídica, reglas claras, respeto a las normas jurídicas, transparencia y clima amigable a la inversión privada.

Sin embargo, el experto anticipa que para hacer frente a un clima de mayor desequilibrio o enfriamiento de la economía que la administración gubernamental tiene las condiciones institucionales y económicas de hacerlo y “su restricción sería su ideología socialista que es predicado públicamente y declarados militantes comunistas que reniegan del sistema económico capitalista”, finalizó.

De la bonanza y el superávit al déficit de las cuentas

Contexto. El economista Germán Molina describe que la desaceleración económica de Bolivia también denominado ralentización del crecimiento económico, o enfriamiento económico comenzó desde 2014. Esta nueva etapa económica es oficializada en el Presupuesto General del Estado (PGE) 2017 que programó un crecimiento económico de 4,8 por ciento, menor en 0,26 puntos porcentuales al promedio 2006-2016, y al 2º trimestre 2017 registró 3,94 por ciento que significa una ratio de 0,82 del programado que confirma la tendencia declinante.

Panorama. Según el economista Carlos Schlinck, hoy la economía luce un mayor control estatal en el que hay una persecución fiscal, distinto a mayor control, mayores multas, intereses, incremento de impuestos y mayor burocracia estatal. Eso perjudica al sector formal de la economía porque menor cantidad de empresas aportan a los ingresos fiscales y el Gobierno recurre a usar reservas, emitir dinero o prestarse del exterior para cubrir sus obligaciones.

El otro elemento no amigable a las inversiones, según el experto es la inflexibilidad laboral, cada día las empresas son más golpeadas con políticas del Gobierno central con incrementos salariales, doble aguinaldo, multas y procesos coactivos. Por último, la inseguridad jurídica que perjudica a las empresas formales e incentivan a la informalidad del país, por eso crece el contrabando, narcotráfico y régimen simplificado, con aporte mínimo o nulo al Estado, sin embargo, demandan servicios y obras.

Según la Cepal Bolivia solo crecerá el 2018 a un 4.0%

Contexto. Las economías de América Latina y el Caribe experimentarían una moderada recuperación en 2018 y crecerían 2,2% el próximo año, luego de anotar 1,3% promedio en 2017, señaló La Cepal al entregar su informe Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe el pasado jueves. En ese contexto las estimaciones con respecto a Bolivia son menos optimistas de lo que el Gobierno proyectó en el PGE, con un PIB al 2018 de 4,7%. El organismo internacional, prevé que nuestro país solo alcanzará a un crecimiento del 4,0%.

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Matices. La Cepal, en su informe de cierre de 2017, señala que la economía del Estado Plurinacional de Bolivia ha crecido en torno al 3,9% en 2017, lo que representa una leve desaceleración respecto de la expansión del año anterior (que fue del 4,3%); a pesar de ello, se mantiene como una de las economías más dinámicas de la región.

Destaque. EL organismo con sede en Santiago (Chile), respecto a Bolivia, destaca que la demanda interna ha sido el motor de este crecimiento, como resultado de la implementación de una política fiscal que ha impulsado la inversión pública y una política monetaria expansiva. Sin embargo, desde mediados de 2013 se observa una desaceleración del ritmo de crecimiento, influido principalmente por un bajo desempeño del sector de hidrocarburos y la desaceleración de algunos otros sectores.

Punto de vista

‘Solo el trabajo y la iniciativa genera desarrollo y nos puede evitar la crisis’

Roberto Laserna
Economista y analista

“El control estatal desalienta las inversiones y elimina el entusiasmo de la gente por innovar y trabajar más, y solamente puede sostenerse con una gran captura de rentas provenientes de la explotación y venta de los recursos naturales. Esto es lo que ha sucedido en la última década y la política gubernamental parece creer que puede prolongar este ciclo. Tiene el convencimiento de que los recursos naturales son suficientemente abundantes para ello. Sin embargo, parece ignorar que vivimos una etapa muy diferente de extractivismo, en la que esa actividad se parece mucho más a la industria que al viejo extractivismo, es decir, requiere mucho capital y mucha tecnología. El caso del litio nos lo ha demostrado pero parece que aún no asimilamos la lección.

Solo el trabajo y la iniciativa de la gente genera desarrollo y nos puede evitar la crisis futura. Estamos viviendo en la convicción de que el Estado es el que genera desarrollo y no es así. Necesitamos un giro de timón para estimular el trabajo y la iniciativa de los bolivianos. Para eso un programa mínimo requiere dar seguridad jurídica a la gente, que sepa que puede defenderse frente al poder político y económico, y que puede hacer valer los contratos y acuerdos. Así que la prioridad está en restablecer la independencia de la justicia y del Poder Legislativo.

En segundo lugar deben reducirse los gastos fiscales a fin de aliviar la carga tributaria. El sector formal de la economía se contrae por el peso de los impuestos que le impiden crecer. En tercer lugar hay que alentar la creación de empleos de calidad que premien a los trabajadores más productivos y alienten a las empresas a retenerlos con buenos salarios. Esto requiere reducir las regulaciones laborales que, con el pretexto de proteger a los trabajadores, les ha hecho mucho daño. En cuarto lugar necesitamos reconstruir el sistema previsional de seguridad social y de salud, a fin de que los ciudadanos sean mejor protegidos y puedan contar con una base mínima de protección independientemente de su pertenencia a sindicatos, de su dependencia laboral o de su afiliación política. Un ingreso mínimo universal basado en las rentas de recursos naturales podría ser una base para lograrlo. Finalmente, necesitamos una reforma radical de la educación, que estimule a los maestros y a los alumnos a buscar su diferenciación y su especialización en base a creatividad y estudio. El actual sistema es homogenizante y castiga a los diferentes. Esa es una receta para la mediocridad a largo plazo.

A todo ello, el Gobierno todavía tiene poder político, capacidad de movilización social y recursos económicos. Lo que no tiene son ideas adecuadas. Está prisionero de una ideología obsoleta, muy poco abierta a la realidad, incapaz de aprender de sus errores y renovarse. Pero, como decía el mismo Gramsci que tanto veneran, no parecen saber que las ideas son cárceles de larga duración”.

18 de diciembre de 2017
Fuente: El Día

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