EL DEBER: Oporto: “En Santa Cruz hay más relaciones de confianza que en el occidente”

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Henry Oporto, sociólogo y director de Fundación Milenio, ha presentado un ensayo que describe las características de los bolivianos. Como somos plantea una decena de características que marcan la conducta y, por tanto, la historia de Bolivia. El autor dialogó con EL DEBER antes de hacer pública su obra en Santa Cruz.

¿Qué plantea su nuevo libro?

Este libro propone una suerte de crítica para que los bolivianos podamos reconocernos como somos, sin temores, sin tapujos, sin autocomplacencia, que es una de las barreras sicológicas que tenemos, que nos impide identificar los problemas; por ello tenemos dificultad para encaminar un proceso de desarrollo, progreso, modernidad. Plantea una perspectiva diferente acerca de la sociedad boliviana, sus problemas, desafíos en el siglo XXI y esto se sintetiza en tres preguntas que atraviesan toda la estructura: ¿Cómo somos los bolivianos y por qué somos así?, ¿es bueno que seamos como siempre hemos sido? ¿Vale la pena pensar que podemos ser de otra manera sin dejar de ser bolivianos, sin renegar de nuestra tradición cultural, pero también sabiendo que la tradición cultural tiene que renovarse, revitalizarse, integrarse en la modernidad?

¿Somos todos iguales?

Bolivia es una sociedad diversa; sin embargo, en esta diversidad se pueden identificar ciertos denominadores comunes que atraviesan las distintas culturas. Soy consciente de que las diferencias existen y pueden ser muy importantes. De hecho en el desarrollo de este ensayo trato de matizar cierta información que puede parecer demasiado genérica para tratar de reflejar ciertas particularidades que diferencian a unos bolivianos de otros. A mí me parece que es notorio que la sociedad cruceña tiene características singulares y quizá este libro aporta ciertas claves culturales para entender por qué esta región ha despegado económicamente a diferencia de otras regiones que siguen sumidas en el atraso y estancamiento.

Yo creo que el progreso de Santa Cruz no solo se explica por su geografía, sus recursos en agricultura y bosques, también cuenta que aquí hay relaciones de confianza que son mayores que en el occidente del país. Quizá este grado de confianza también explica que la capacidad de organizar, de crear asociaciones, que es mayor que en otra regiones y de ahí el de mayor desarrollo empresarial la mayor matriz productiva, emprendedora y vitalidad de sus instituciones regionales, cívicas, regionales.

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¿Qué otras diferencias hay?

Es muy marcado, sobre todo en el occidente de Bolivia, el sentimiento de victimismo, somos una sociedad quejumbrosa, de lamento, pesimistas un sentido fatalista de la vida, vemos más las derrotas que las posibilidades del éxito. Eso se refleja en una relación de mucha hostilidad al extranjero, llámese español en el tiempo de la conquista, después los gringos, los chilenos. Tenemos una cierta propensión a descargar las culpas por nuestros fracasos, avatares en el extranjero. Eso nos impide cultivar una relación de mayor confianza y cooperación con las empresas extranjeras, cosa que en Santa Cruz es más matizado.

El camba tiende a ser más optimista, con más autoconfianza, mayor autoestima en la sociedad cruceña respecto a otras regiones. Esto se explica porque aquí no se vivió con la misma intensidad del occidente ciertos traumas de la historia como a conquista española y la explotación, la pérdida del litoral marítimo. Eso marcó profundamente el alma boliviana, pero la intensidad de ese sentimiento quizá es menor y esa es una de las claves estructurales que permite entender por qué Santa Cruz es una sociedad más abierta. Lo notable es que la migración colla en Santa Cruz no ha tenido mayor problema en integrarse, se ha asimilado a la cultura cruceña y aquí exhibe un comportamiento de mayor confianza en las relaciones personales y en los negocios.

¿También hay diferencias generacionales?

La variable generacional también influye, pero hay ciertos rasgos de la personalidad colectiva, del carácter nacional, de la idiosincrasia boliviana que atraviesan generaciones. Se reproducen ciertos traumas de la historia, rasgos problemáticos a pesar de la modernidad, por ejemplo el caudillismo, el sentimiento el victimismo que con el régimen de Evo se ha acentuado, hemos retornado al siglo XIX. Las nuevas generaciones portadoras de nuevos valores, están más globalizadas; sin embargo, arrastrando ciertos rasgos que están arraigados en la historia boliviana. Por supuesto, no en todos los estratos sociales. En la cultura urbana se puede sentir cambios de mayor modernidad y menos en el área rural.
Por esa descripción parece que las cosas no cambiarán

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No soy pesimista, porque no creo que la cultura sea un factor inamovible en el tiempo. Hay experiencia en el mundo de que la cultura cambia. Son procesos más lentos pero cambian. Perú es un ejemplo que ha surgido transformaciones culturales muy importantes. Dentro de Bolivia el hecho de que una región como Santa Cruz esté exhibiendo patrones de comportamiento moderno demuestra que la cultura no es algo inmutable. Yo soy optimista respecto del futuro, pero intento que mi optimismo sea realista. La condición para una transformación no solo de unos sectores sino global, pasa porque seamos capaces de reconocer críticamente nuestras falencias heredadas del pasado. Creo que el pasado no tiene que ser una losa que nos aplaste, porque el pasado no se puede cambiar, en cambio, el futuro sí se puede y esa es la perspectiva optimista que plantea el libro.

¿La lucha de los jóvenes de ahora se parece a la que hubo para recuperar la democracia en los 80?

Esta insurgencia democrática que estamos sintiendo en Bolivia de clase media o de grupos de jóvenes que están activos, está demostrando que hay una recuperación de la conciencia y sentimiento democrático en Bolivia, por eso hay que evitar que se repitan las frustraciones que vivimos en los primeros 25 años de la transición de la dictadura a la democracia. Hubo reformas institucionales importantes, pero lo que no tuvo éxito fue cambiar la mentalidad nacional. Eso podría explicar el retroceso antidemocrático que hemos vivido en los últimos 12 años; quiere decir que la democracia no es solo elecciones y en Bolivia lamentablemente la cultura democrática sigue siendo débil. Contra ello conspira un sentimiento de desprecio a la ley y pongo énfasis en los bolivianos porque ese no es solo un defecto de la clase política, sino del conjunto del país. Si vamos a repetir eso, nuestra democracia no se va a desarrollar.

10 de junio de 2018
Fuente: El Deber

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