La Fundación Milenio ha iniciado una investigación sobre las experiencias en Bolivia de lo que en cierta literatura académica se conoce como el “capital corrosivo”, entendido como un conjunto de malas prácticas por parte de capitales procedentes de estados autoritarios que, aprovechando la debilidad institucional y de seguridad jurídica de países como Bolivia, se instalan y extraen beneficios espurios, mientras dejan una estela de corrupción, contaminación de la vida política, vulneración de las leyes y erosión de la calidad de gobierno