
La crisis económica se ha profundizado. El deterioro de los indicadores fiscales, monetarios, financieros, comerciales y productivos es generalizado. Y como era previsible, la economía ha entrado en una fase de recesión, que ahonda los desequilibrios macroeconómicos y hace más difícil, pero también más urgente, restablecer la estabilidad económica y social.
Tal es el estado de la economía en que tiene lugar el cambio político largamente ansiado.
Los problemas acumulados solo pueden remediarse con un programa de estabilización robusto, sensato y eficaz. El nuevo gobierno deberá trazar una hoja de ruta con prioridades definidas, objetivos, acciones e instrumento bien concebidos, diseñados y articulados.
Sin estabilización no habrá recuperación de la economía. Una nueva política económica debe contemplar una estrategia de crecimiento motorizada por la inversión y la transformación productiva alrededor de una revolución exportadora.
Estos objetivos presuponen reformas normativas, regulatorias, tributarias e institucionales de gran calado. Bolivia debe dar un giro hacia una economía de mercado competitiva, eficiente e inclusiva y de amplia apertura al capital extranjero.
Solo así se podrán generar oportunidades económicas, de empleo y progreso social.
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