Economía, Política, Desarrollo Sostenible

PÁGINA SIETE: Estudio de Milenio advierte que el país está a la zaga en IED y plantea ajustes al modelo

Un libro de la institución dice que se necesita impulsar el capital constructivo a partir de experiencias exitosas de inversión privada en el país.

Un nuevo estudio de la Fundación Milenio advierte que Bolivia se encuentra a la zaga en Inversión Extranjera Directa en América Latina y sugiere algunas acciones urgentes para volver a atraer capitales.

“El Capital Constructivo, la inversión extranjera en Bolivia”, es el libro publicado por la fundación con el aporte de los investigadores Henry Oporto como coordinador; Miguel Aguilar, Orlando Castellón, Pablo Mendieta, José Antonio Peres Velasco, Alfredo Seoane, Jaime Villalobos y Francesco Zaratti.

Los datos que incluye el libro con base en información de la Cepal revelan que de 2005 a 2010 Bolivia captó 1.761 millones de dólares en promedio de IED; de 2012 a 2017 otros 5.069 millones de dólares, pero de 2018 a 2020 se tuvo un flujo negativo de -1.012 millones de dólares. Esto a diferencia de los millones de dólares de entradas de capital que tuvieron otros países de la región,

Oporto explicó que la investigación intenta documentar y examinar las inversiones que estimularon la expansión y modernización de ciertas áreas de la economía, así como sus efectos multiplicadores en otro sectores.

También busca explicar las condiciones normativas, institucionales y económicas dentro de las cuales operan estas inversiones, unas veces para incentivarlas y otras para asfixiarlas, en correlación con los cambios del escenario políticos, además de sacar lecciones de estas experiencias y nutrir el debate sobre acciones que permitan impulsar una corriente de promoción de la IED, y un mayor protagonismo del sector privado.

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El concepto de “capital constructivo” alude a las experiencias de éxito de IED en la economía boliviana, que destacan por sus cualidades de integridad, transparencia y respeto a la legalidad. Inversiones portadoras de buenas prácticas empresariales y de un aporte genuino al desarrollo socioeconómico y democrático de Bolivia.

Se toman como estudio los casos de la Minera San Cristóbal, Empresa Minera Paitití, Transredes, Cobee, Tigo, Alicorp y Gravetal, Cervecería Boliviana Nacional (CBN), Unilever, legislación nacional e internacional en materia de inversiones.

El capital constructivo se diferencia del «capital corrosivo», que se refiere una determinada práctica de contrataciones estatales para obras públicas, de empresas vinculadas a regímenes autocráticos, aunque no exclusivamente, según los autores.

El libro postula debatir el cambio del modelo de crecimiento, sobre dos pilares: 1. La inversión privada como motor de crecimiento y diversificación; 2. La productividad como eje de transformación productiva e incremento de las exportaciones.

De acuerdo con el estudio, la crisis desnudó los límites y el anacronismo del modelo de capitalismo estatal y advierte que financieramente ya es insostenible.

Sostiene que si el capital constructivo se expande, Bolivia será menos dependiente del financiamiento político y menos vulnerable a los peligros del capital corrosivo.

5 de abril de 2022
Fuente: Página Siete

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